En opinión de Abad, presidente de UPTA “No se puede fundamentar la política para autónomos en simples actuaciones cortoplacistas, es fundamental que este nuevo periodo legislativo autonómico sea utilizado para cambiar nuestro tejido productivo, estamos ante una transformación en la forma de vivir y consumir de los ciudadanos y somos los autónomos los que estamos llamados a gestionar esa transformación”.

Sin duda alguna la orientación al autoempleo a través de la formación profesional y la cualificación de los trabajadores debe de ser el eje por el cual comience el cambio en la estrategia del trabajo por cuenta propia. Por ello desde UPTA demandamos que en el ámbito autonómico se complementen las iniciativas de las distintas administraciones centrales en estas materias y se redoblen los esfuerzos para que los autónomos, con o sin empleados, puedan acogerse a los sistemas de contratación y aprendizaje, antesala de los planes de relevo generacional.

Además, debemos impulsar y apoyar el asociacionismo económico a través de un nuevo modelo de generación de economía circular y el acceso a la contratación pública por parte de estas estructuras, sin duda herramientas muy útiles para que los autónomos encuentren nuevos yacimientos de autoempleo.

Por otro lado, desde UPTA reclamamos acciones claras y decididas para romper con la desertización de nuestro entorno rural. El aprovechamiento de los recursos naturales debe ser uno de los principales motores para desarrollar la verdadera revolución económica rural en nuestro país. Hay que dotar a éste de competitividad tecnológica, crear estructuras de economía circular estables y transformar el empleo rural a través de la cualificación y formación de nuevos moradores que desarrollen actividades económicas por cuenta propia, incentivando además planes especiales de relevo generacional en este ámbito.

La pésima contribución de las SGR y de los institutos financieros territoriales no responde a la verdadera demanda del colectivo, no están al servicio del empresario individual, que en la mayoría de las ocasiones es incapaz de cumplir los inasumibles requisitos que éstas les solicitan.

No menos relevante es el tema del acceso de nuestro colectivo a la sociedad de la información, es uno de los temas más socorridos y que más espacio ocupa en los programas electorales, pero simplemente es eso, un conjunto de iniciativas inconexas que casi siempre tienen como referencia la competitividad en el comercio electrónico. Esto hace que lo verdaderamente importarte no esté desarrollado aún: falta el acceso a una buena conectividad; también un auténtico plan de modernización tecnológico que fomente herramientas comunes de trabajo sectorial; así como el desarrollo de planes específicos de I+D+I en empresas de pequeño tamaño.

Debemos también reforzar la promoción del emprendimiento desde edades tempranas en los ámbitos académicos y es necesaria una reconfiguración del sistema educativo territorial en esta materia.

Además, en los llamados sectores de actividad dinámicos se deben de adoptar medidas que modifiquen la base de los apoyos de las iniciativas en los sectores tradicionales, comercio, hostelería y replantear un modelo de crecimiento del trabajo autónomo en sectores menos atomizados, profesionales cualificados, técnicos e industria manufacturera.

No nos olvidamos tampoco de algo fundamental, que en el seno de las CCAA se acometan la estructuración de medidas que garanticen una vida digna para aquellos autónomos que, con una edad superior a los 52 años, han visto como su negocio no ha podido seguir adelante. Así como el desarrollo de medidas de políticas en segunda oportunidad y recualificación de autónomos que quieren reemprender una actividad por cuenta propia. Esta es una de las tremendas tragedias a las que se enfrentan miles de autónomos diariamente, que ven como después de una vida cotizando en nuestro sistema pueden tener una angustiosa situación en los últimos años de carrera profesional.