La totalidad de los grupos políticos y las organizaciones representativas del tejido social coincidimos en que España no puede perpetuar su agotado modelo productivo basado en ciclos de bonanza y ciclos depresivos que condicionan un mercado de paro inestable, precario y de baja producción. Las recientes elecciones han puesto en evidencia la incapacidad de la democracia española para lanzar un proyecto común, ilusionante y regenerador que permita construir una sociedad más dinámica y justa.

Hoy 9 de mayo, día en el que celebramos el Día de “Europa” conviene recordar que cualquier proyecto de cambio profundo para que España progrese en PIB y empleo pasa forzosamente por la Unión Europea como marco económico-organizativo. La falta de credibilidad de la UE está justificada por la desastrosa gestión de la última crisis económica, que ha generado el resurgir de nacionalismos populistas y la construcción de muros entre países y hacia el exterior de la propia Unión Europea.

Si España aspira a redirigir su proyecto como país tiene que influir en la UE para que las políticas comunitarias ayuden con una estrategia innovadora y a medio plazo a los países miembros. En el caso de España resulta imprescindible la revisión profunda, con un giro de 180 grados, del reparto económico de la “PAC”, que hasta ahora ha provocado el desequilibrio entre lo que reciben de ésta los moradores rurales con una iniciativa económica sobre el terreno y las grandes corporaciones que capitalizan la mayoría de las ayudas.

Falla el diagnóstico de quienes reclaman soluciones a la “España vaciada” si pasan por alto la reversión de las políticas de abandono de las producciones de cereal, ganadería, el olivo o la vid.…Miles de autónomos agrarios se ven abocados a cerrar por falta de ayudas que hagan de sus actividades productivas actividades rentables económicamente.

Las consecuencias de las políticas cortoplacistas y carentes de racionalidad y sentido común son la causa de la mal llamada “España vaciada”, que es en realidad la España rural de toda la vida, mucho interés en ponerle nombre, cuando lo esencial es adoptar medidas correctoras.

 

Curiosamente, la Francia que se ha rebelado frente al poder de París y que todavía sigue en las calles con una protesta radicalizada y fuera de control hunde sus raíces en la Francia rural, cuyos habitantes ya no están dispuestos a ser aplastados por los grandes núcleos urbanos cada vez más concentrados y poderosos.

Si Francia es cada vez más París, España es cada vez más Madrid, un fenómeno que se reproduce en el resto de Europa y que ha generado una corriente mundialista disparatada que propugna la desaparición de los países y la creación de una “red de metrópolis” que, según sus exégetas, dinamizarían el planeta.

La toma de conciencia mediática y social sobre la España rural es una oportunidad magnífica para dar un portazo a los que propugnan esa red de megalópolis que sumiría definitivamente a amplias regiones del planeta en el abandono y la miseria; incluso a poblaciones que hoy podríamos identificar como “medianas” y que, ya en estos momentos en España, están empobreciéndose a pasos agigantados.

Volviendo a nuestro marco de referencia, es imprescindible que Europa, lo que queda de la renacida Europa de la posguerra, se refunda con un objetivo humanista y ambiental que actúe a corto plazo con un plan de armonización de las grandes urbes y las que forman parte del territorio rural.

Si se dan las condiciones tras la reorientación radical de la “PAC”, España tiene enormes oportunidades para generar más PIB y más igualdad, podrá acoger una inmigración productiva y los más jóvenes no tendrán que mendigar empleos o llevar su talento a otros países.

En este contexto de reorientación de la UE, y, en consecuencia, de España, el empleo autónomo está llamado a jugar un papel protagonista. Pero no cualquier empleo, porque la experiencia nos demuestra que la falta de cualificación para desempeñar las actividades que se necesitan en la España Rural.
La cualificación profesional, como se evidencia en cualquier cambio de modelo económico, está en la base de la transformación de la España Rural. Esa cualificación específica para quienes quieran hacer su proyecto vital al margen de los grandes núcleos urbanos no existe hoy, y es una inaplazable. Una F.P rural que formara en los oficios y las profesiones que va a requerir la transformación en la España Rural sería el vehículo adecuado para dinamizar el deteriorado tejido territorial no urbano que está en caída libre en estos momentos.

UPTA lleva años trabajando en remendar el desastre de la España Rural, para lo que ha contado con el apoyo de los primeros Ayuntamientos rurales que han creado redes de conexión en distintas provincias españolas para desarrollar políticas activas; destacando el papel fundamental que debe desarrollar la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), llamado a ser esta RED el auténtico bastión del emprendimiento en núcleos rurales.

Las experiencias llevadas a cabo en los últimos años, que van extendiéndose como poco a poco, están vinculadas al aprovechamiento de los recursos naturales y a una propuesta efectiva de economía circular. Devolver capacidad económica al ámbito rural español es perfectamente posible con empleo autónomo cualificado y un auténtico “plan Marshall” de digitalización y aplicación de las nuevas tecnologías en cualquier ámbito; así como desarrollar políticas de servicios a los pobladores, no sólo a los que precisan atenciones por cuestiones de edad; es fundamental también establecer una red de servicios que rompan la brecha con respecto a las zonas urbanas. Todas estas medidas tendrán que estar lideradas por las Administraciones locales, regionales, a nivel nacional, por la UE y por supuesto por la sociedad civil organizada.

En conclusión, nada podemos esperar de nuestro agotado “modelo tradicional”, el progreso de la sociedad, el aumento de la riqueza nacional y el empleo vendrá de la España Rural… o no llegará. Para ello, los países miembros de la UE tienen que dar un giro copernicano a la orientación de la decadente política europea, empezando por el injusto reparto en la PAC.

Tenemos que financiar generosamente una revolución tecnológica, una verdadera formación que represente el renacimiento rural, es necesario fijar la población a través de estructuras económicas circulares, que los autónomos de distintos sectores puedan acceder a la contratación pública, es necesario que la economía que se gestiona en el rural se reinvierta en el rural, y esto sólo será posible si somos capaces de buscar los mecanismos necesarios en las políticas comunes europeas.

No es una cuestión de modas sujetas a las necesidades electoralistas de los partidos que concurren a estas próximas elecciones de país, es el verdadero gran problema al que nos enfrentamos todos y desgraciadamente no estamos detectando ninguna iniciativa o propuesta real que podamos tomar en cuenta.